Cycling on Muriwai beach

We are just one month to the start of the trip and we already got most of the gear we will take into the journey. Amanda has to work this weekend so I opt for loading the bike and go on a test ride. I decided to go 50km north-west of Auckland, to the southern region of the Kaipara Harbour, hoping to find solitude and enjoyment with the sound of the waves cycling on an endless beach.

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A poco más de un mes de comenzar la aventura ya tenemos todo el material que usaremos en el viaje. Este fin de semana, Amanda tiene que trabajar, por lo que decido cargar las alforjas e irme a por una vuelta de prueba. Decido irme a unos 50 kilómetros al noroeste de Auckland, al sur de la bahía de Kaipara, en busca de tranquilidad, del sonido de las olas y de playas sin final. Es la primera vez que pruebo la bicicleta cargada con todo el material. La primera impresión no puede ser más positiva. De hecho, la bici va mejor con las alforjas que sin ellas. Va mucho más compensada. Eso sí, cuando la carretera pica para arriba… empiezas a debatirte si todo lo que llevas es realmente imprescindible.

El recorrido de hoy no es muy ambicioso. El plan es hacer unos 50kms y probar el material, pero sobre todo, disfrutar de un día espléndido sobre mi bicicleta. Salgo del pequeño pueblo de Helensville en dirección sur, por una carretera que poco a poco empieza a perder el asfalto y convertirse en un camino. Tras 9 kilómetros llego a la costa. El camino que va paralelo a ella se encuentra cerrado, pero la marea está baja, por lo que no me lo pienso 2 veces: decido pedalear por la arena.

Una foca en medio de la playa

La playa se extiende unos 40 kilómetros al norte y no hay absolutamente nadie. Durante unas 3 horas pedaleo al norte sin rumbo alguno hasta que la marea no me deja avanzar más. La sensación de libertad al pedalear en una playa desierta es mágica. A la única que me encontré fue a una foca casi igual de grande que la bici! Vaya susto me dio. Creía que era un tronco al verla desde lejos.

Para salir de la playa tengo que subir una duna enorme que me cuesta la vida pasarla con la bicicleta a cuestas. Para colmo, al otro lado el camino desaparece y llego a un bosque de pinos precioso. El bosque es muy bonito, pero no tengo ni idea de como salir de ahí. Y no es que no me sepa el camino, es que no hay camino, que es distinto… Con la ayuda del GPS (y mira que tenía dudas de si comprarlo o no) consigo salir de ahí para llegar a un camino de arena seca. La bici se hunde en ella y es complicado hasta empujarla. Vaya dos horitas empujando la bici… pero al fin me reúno con mi gran amigo el asfalto.

El perfil del recorrido ( GPS Garmin E-trex 30)

No me da tiempo a disfrutar de mi nueva compañía cuando me la juega en la primera curva. Giro a la derecha y me encuentro al mismo Angliru allí en medio de la nada para mí solito. Luego, al pasar los datos al ordenador, el GPS me daría la razón mostrándome rampas hasta del ¡20% en un tramo! Se ve que el que mis piernas no pudieran más estaba totalmente justificado después de todo.

Una vez en la cima, llegaba a una zona de toboganes. Ninguno de ellos excesivamente duro después de la subida previa. Caballos y llamas me acompañaron en un recorrido agrícola y ganadero a ritmo de trote. Tras más de 6 horas y unos 40 kms encima de la bicicleta llegaba a Shelly Beach, donde Amanda me esperaba para una muy merecida cena.

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